Un recorrido por mi interior se confunde con el recorrido que hago en mi mente todos los veranos por la costa. Cada texto que escribo es una marea distinta, unas veces en calma, otras veces brava. No busco respuestas ni conclusiones. Solo quiero dejar constancia de lo que estoy sintiendo, de lo que voy aprendiendo, de lo que he ido perdiendo y de lo que espero ganar. Tal vez algún día me leas tú, lector desconocido. Tal vez algún día alguien me entienda que estas palabras no hablan sólo de una mujer, sino de todas las formas que tiene el amor cuando no me atrevo a pronunciarlo en voz alta. El mar seguirá aquí, eterno, borrando y escribiendo historias en la arena. Y yo seguiré caminando por la playa con la esperanza de que cada paso me lleve un poco más cerca de mí mismo.
«LAS ARISTAS DE MI VERDAD»
NOCHE SOSEGADA
En unos segundos sentí el sabor de su voz y durante largos minutos juré no olvidar la nostalgia de nuestro encuentro. Sin embargo, me susurraron al oído que la unión experimentada en aquel humanizado espejo fue una marchita pesadilla, y harto de tantas ilusiones el pulso de mis arterias se desvaneció como un fantasma enamorado. Todo fue una simulada aproximación que por unos instantes maniató la mente de un cuerpo presa de ceremonias y encubierto de inéditas creencias. A la par se aceleró con inusitada emoción mi memoria y viajó como un reloj atemporal a la suerte de mi infancia.
REFLEXIÓN
El cansado escritor reflexiona. Examina su pasado. Busca culpables a sus fracasos amorosos. Se obceca en una educación que no le impulsó a formar una familia, sino a permanecer, con plena libertad de acción, en la intocable casa-refugio. Un ser pusilánime es imposible que emprenda una aventura en solitario.
EL EGO
Se creía el centro del universo. Todo giraba a su alrededor: las conversaciones, los afectos, las decisiones. Hasta que alguien dejó de orbitarlo, y descubrió el silencio. Un vacío que no sabía llenar, porque nunca había aprendido a mirar más allá de sí mismo. El ego no sabe estar solo.
DÍAS
Hay días en los que el pasado regresa sin hacer ruido, como un mal sueño que se desliza por la penumbra de la mañana. No golpea la puerta ni anuncia su llegada. Simplemente aparece y se sienta a mi lado como si nunca hubiera marchado. Me mira en silencio y espera. Y en ese silencio las horas se vuelven lentas, como si el tiempo dudara. Entonces la memoria abre sus ventanas y vuelven los rostros, las palabras olvidadas, la tenue luz de lo que fuimos.