Se creía el centro del universo. Todo giraba a su alrededor: las conversaciones, los afectos, las decisiones. Hasta que alguien dejó de orbitarlo, y descubrió el silencio. Un vacío que no sabía llenar, porque nunca había aprendido a mirar más allá de sí mismo. El ego no sabe estar solo.
«LAS ARISTAS DE MI VERDAD»
DÍAS
Hay días en los que el pasado regresa sin hacer ruido, como un mal sueño que se desliza por la penumbra de la mañana. No golpea la puerta ni anuncia su llegada. Simplemente aparece y se sienta a mi lado como si nunca hubiera marchado. Me mira en silencio y espera. Y en ese silencio las horas se vuelven lentas, como si el tiempo dudara. Entonces la memoria abre sus ventanas y vuelven los rostros, las palabras olvidadas, la tenue luz de lo que fuimos.
PRESIDIO
El microtexto es el presidio que confina e inmoviliza mis pensamientos y los caracteres limitados, la cárcel que enclaustra mis sueños. ¿Y te quejas? Según esta teoría, tú eres el carcelero de tus propias creaciones. ¡¡¡Magnífica incongruencia y paradoja!!! ¿Y te quejas? Algo estás esperando que no te corresponde.
OTRA VEZ MI SOLEDAD
Otra vez regreso a mi soledad como quien vuelve a una habitación cerrada desde dentro. La noche pelea conmigo y me ofrece, como único combate, la orfandad y el desamparo. Si supieras invitarme —aunque fuese sin nombre, sin promesa— a un placer discreto, de puertas que no crujen, quizá me dejaría llevar hasta una altura donde el gozo no necesita testigos. Dime que esa felicidad será solo mía, que nadie más sabrá pronunciarla. Porque debes entender que mi fidelidad a esta cautividad es tan auténtica como la bandeja de entrada de un correo llena de invitaciones que nunca acepté, mensajes fríos que no llegaron a ser palabra.
ACTOR
A veces pienso que vivo como si caminara sobre un escenario invisible. Cada día diseño un gesto, una voz, una manera de mirar al mundo, y salgo a representar un papel. No siempre es una mentira; muchas veces es simplemente la forma en la que aprendo a convivir con los demás. En el trabajo interpreto seguridad; en la familia, ternura; y ante los desconocidos, prudencia. Pero detrás de cada máscara hay algo verdadero que respira en mí. Fingir, en ocasiones, no es engañar: es proteger lo que aún no sé cómo mostrar. Soy un actor, sí, pero también soy el autor del guion que voy escribiendo con cada decisión, con cada vivencia. Tal vez mi sinceridad no consista en no actuar nunca, sino en no olvidar quién soy cuando baja el telón. Y quizá mi vida sea precisamente eso: una obra imperfecta donde, entre papel y papel, busco el instante en el que por fin dejo de representar y simplemente soy.